Cuando son pequeños es fácil jugar con nuestros hijos. Cuando crecen las relaciones son diferentes.s
No me cuentes cuentos que ya no soy un niño…
El apoyo emocional es algo imprescindible para cualquier miembro de una familia, sea cual sea la etapa evolutiva en la que se encuentre. Unas cosquillas, la lectura de un cuento, el canto de una nana… Todo aquel juego o actividad que al niño le haga sentir querido y protegido, será una perfecta herramienta para que su desarrollo sea óptimo.
Cuando los niños son pequeños, la relación es relativamente fácil ya que el niño asume, se deja guiar, aún no tiene capacidad para desafiar o poner en tela de juicio, de una manera lógica, las decisiones de sus padres.
El padre y la madre se muestran, en estas edades, como figuras que ayudan en el juego y enseñan a jugar.
Sin embargo, a medida que crecen los niños, muchos son los padres que viven angustiados por la responsabilidad educativa que les toca vivir y ejercen un abusivo control, para descubrir los comportamientos de sus hijos, los amigos de los que se rodea o los lugares a los que suele ir.
La diferencia generacional entre padres e hijos, los rápidos cambios sociales y la diferencia en las expectativas que los padres y los hijos tienen, hacen que la comunicación y la relación entre los miembros de la familia, en ocasiones, se debilite.

La adolescencia y la juventud, por ejemplo, constituyen periodos de grandes cambios físicos, síquicos, emocionales y sociales que se caracterizan por la búsqueda de la propia identidad de uno mismo.